AzáRock no llegó a sonar
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El sábado 12 de septiembre Abarán tenía una cita con el rock. AzáRock celebraba su edición número 21 en el Parque Municipal con Hermana Furia, Le Mur, Sistema Nervioso, Goblin Circus, Cientocero y M. Lacroix. Dos días antes, la asociación que organiza el festival anunció que no se celebraría. El problema estaba, como en muchas otras ocasiones y conciertos, en la venta anticipada. El número de entradas vendidas no permitía afrontar con garantías los gastos y seguir adelante podía poner en riesgo económico a la propia organización. La decisión llegaba después de meses de trabajo y cuando prácticamente todo estaba preparado.
Pero pongámonos en contexto. Abarán es un municipio murciano de unos 13.000 habitantes, situado en el Valle de Ricote. AzáRock nació allí como un concurso para grupos emergentes y con el tiempo terminó formando parte de la actividad cultural habitual de la localidad. Su trabajo tampoco se limita al festival. Durante el año organiza conciertos y ha utilizado espacios como el Teatro Cervantes, que en 2026 celebra su centenario, para llevar hasta Abarán propuestas que de otra forma no llegarían al municipio.
Hacer música en directo desde una localidad pequeña significa también trabajar lejos de los circuitos habituales de Madrid, Barcelona o las grandes capitales. Ese contexto ayuda a entender mejor lo que supone perder una edición y también el esfuerzo necesario para mantener una programación estable.
La entrada general para este año costaba 16,50 euros. La preocupación por la venta venía de bastante antes de la cancelación.
El 7 de agosto, José Gabriel León Villalba, presidente de la Asociación Cultural AzáRock, explicó públicamente hasta qué punto necesitaban conocer con antelación la respuesta del público. Lanzaron entonces una promoción de 250 entradas a diez euros para intentar asegurar parte de los gastos de producción, escenario, sonido y contratación.
Aquella llamada no consiguió cambiar lo suficiente la situación y el 10 de septiembre llegó el comunicado anunciando la cancelación.
Quienes vamos habitualmente a conciertos nos estamos encontrando con situaciones parecidas. Fechas que desaparecen del calendario, giras que cambian a salas más pequeñas y promotores que insisten en la importancia de comprar con antelación. Incluso vemos conciertos que finalmente salen adelante después de semanas en las que no estaba nada claro que los números fueran a cuadrar.
Es muy difícil cuando una asociación o un grupo de amigos organiza un concierto. Los gastos son grandes y no siempre cuentas con el apoyo suficiente, ni siquiera de los "amigos".
Si toda la gente que te dice que va a ir, lo hiciera, el concierto probablemente sería un éxito, pero la realidad es muy diferente. Cuando llega la hora de la verdad, la mayoría de las veces pasas apuros pensando si cubrirás gastos.
Tampoco creo que debamos utilizar AzáRock para hablar de una crisis general de la música en directo. Cada concierto y cada ciudad tiene sus cuentas, su público y sus circunstancias. Al mismo tiempo vemos grandes festivales agotando abonos y bandas capaces de llenar recintos enormes. Mientras miles de personas compran una entrada para ver a una gran banda internacional, otros proyectos necesitan reunir a unos pocos cientos para poder celebrarse.
En AzáRock sabemos al menos, lo que ha contado la organización. Necesitaban una respuesta anticipada suficiente para hacer viable esta edición y no la consiguieron.
Hay otra diferencia importante. AzáRock, como muchos pequeños promotores, no funciona como una empresa con diferentes giras y conciertos entre los que repartir riesgos. Detrás está una asociación cultural y un resultado económico malo puede afectar a las siguientes actividades que quiera organizar. Cuando comprobaron que las cuentas no ofrecían las garantías necesarias decidieron no seguir adelante.
La cancelación se produce además en un año "curioso" para la asociación. Este verano el Ayuntamiento de Abarán anunció que en diciembre le concederá el Diploma de Honor al Mérito de la Villa por su actividad cultural y su apoyo a la música en directo.
El reconocimiento municipal y la cancelación pertenecen al mismo año y cuentan dos partes bastante diferentes de la misma historia. Una habla del valor que AzáRock ha tenido para Abarán. La otra recuerda lo complicado que resulta mantener proyectos culturales de este tamaño cuando dependen directamente de la respuesta del público.
«Ningún proyecto cultural puede mantenerse únicamente con ilusión».
La propia asociación escribió esa frase en su comunicado y explica bien el momento.
También ha insistido en que la cancelación no supone el final del festival y habla de un paréntesis. Ahora necesitarán tiempo para analizar qué ha ocurrido y decidir cómo continuar.
Quizá ahí esté ahora la noticia más importante.
No sabemos todavía cuándo volverá AzáRock ni en qué condiciones podrá hacerlo. Sí sabemos que este septiembre el escenario del Parque Municipal se ha quedado sin conciertos y que una asociación que lleva años trabajando para acercar música a Abarán ha tenido que parar porque las cuentas no permitían continuar.
El resto se sabrá cuando llegue el momento de preparar la próxima edición.
Y quiero terminar con una reflexión. ¿Qué parte de responsabilidad tenemos el público en ese apoyo a los pequeños proyectos de emprendimiento?. ¿Por qué se agotan las entradas de los grandes conciertos con años de antelación y no se completan las anticipadas necesarias para que salga adelante un festival de los que para mi son más que necesarios?

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