Coven Market Barcelona: lluvia, hermanas y un directo para recordar

Coven Market Barcelona: lluvia, hermanas y un directo para recordar



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Un sábado bajo la lluvia

El sábado Barcelona amaneció empapada. No era una lluvia especialmente fuerte, pero sí constante. De esas que terminan colándose en todo: en las cajas que van y vienen durante el montaje, en los cables protegidos deprisa con plásticos improvisados y en esa mirada inevitable al cielo cada pocos minutos esperando una tregua que nunca termina de llegar.

Desde primera hora se intuía que Coven Market iba a tener que pelear contra el tiempo para sacar adelante el fin de semana.

Y aun así, allí estábamos.

Gente descargando material bajo la lluvia, ajustando puestos como podían, intentando salvar decoraciones, ropa, ilustraciones y pequeños proyectos personales de la humedad de Barcelona. Porque hay eventos que funcionan desde la infraestructura y otros que funcionan desde algo mucho más difícil de fabricar: el cariño real de quienes los levantan. Coven pertenecía claramente a los segundos.

La Muerte Puede Bailar en directo

Nosotros llegábamos para grabar un capítulo en directo de La Muerte Puede Bailar, y reconozco que durante algunos momentos pensé que el agua iba a devorarlo todo un poco. El movimiento constante de gente entrando para refugiarse, el sonido de la lluvia golpeando fuera hacía que todo tuviera un equilibrio frágil. Pero precisamente ahí apareció algo hermoso.

Había verdad en todo aquello.

Nada parecía diseñado para resultar perfecto en redes sociales. No era un evento construido desde la apariencia. Era gente intentando sacar adelante un espacio cultural y alternativo incluso cuando el día había decidido complicarlo todo. Y quizá por eso el ambiente se sentía tan humano.

Gemma y Marta, mis hermanas

Además, hay algo que siempre termina cambiando cualquier lugar: encontrarte con las personas correctas.

Entre toda aquella humedad, las prisas y el ruido constante del montaje estaban ellas. Gemma y Marta. Mis hermanas. Y lo escribo así porque hay vínculos que no necesitan ninguna explicación más. Hay personas que consiguen que un sitio desconocido deje de sentirse extraño en cuestión de segundos.

A veces olvidamos cuánto necesitamos ciertos abrazos hasta que ocurren.

Y en medio de aquel sábado gris, saber que estaban allí tuvo algo profundamente reparador. Como si durante unas horas el cansancio desapareciera y todo volviera a colocarse en su sitio. Hay personas con las que uno retoma la conversación exactamente donde la dejó meses atrás, sin esfuerzo, sin ceremonias, sin necesidad de ponerse al día demasiado. Simplemente sucede.

Creo que una de las cosas más bonitas de ciertos encuentros es precisamente esa sensación de hogar inesperado.

Una conversación compartida

Luego llegó el directo de La Muerte Puede Bailar.

Y siempre hay algo extraño en grabar un podcast delante de gente.  Los nervios del montaje, los problemas de montaje que siempre surgen. Las llaves que se pierden en el momento más inesperado. 

Cuando uno está acostumbrado a hablar desde la intimidad de un micrófono, hacerlo en un espacio abierto cambia completamente la energía. Escuchas las reacciones al instante, percibes cuándo alguien conecta con una frase y cuándo el silencio pesa un poco más de lo habitual.

Pero aquella tarde dejó de sentirse como una grabación y empezó a parecer una conversación compartida.

La lluvia seguía fuera. La gente seguía entrando y saliendo del recinto. Algunos asistentes se acercaban por curiosidad y otros permanecían escuchando hasta el final. Y todo tenía una sensación muy viva.  El episodio terminó formando parte del propio ambiente de Coven, mezclándose con las conversaciones, con la música y con esa energía extraña que tienen algunos eventos cuando dejan de ser programación y empiezan a convertirse en experiencia.

Las sinergias con Coven

Y creo que gran parte de esa sensación vino también de la organización.

Porque hay eventos donde uno simplemente ocupa un hueco dentro de un horario. Aquí no fue así. Desde el principio hubo cercanía, implicación y una sensación constante de estar construyendo algo entre todos. Y eso se nota muchísimo más de lo que parece. Especialmente en proyectos pequeños, donde las sinergias humanas terminan siendo más importantes que cualquier infraestructura.

Coven transmitía precisamente eso: comunidad.

No desde el discurso vacío que muchas veces utiliza esa palabra como reclamo, sino desde algo tangible. Se veía en la forma de ayudarse entre puestos, en las conversaciones improvisadas, en la paciencia colectiva frente a la lluvia y en la manera en que todo el mundo parecía entender que aquel fin de semana era algo más que vender o promocionar proyectos.

Era encontrarse.

El sol llegó cuando yo ya volvía a Madrid

Por eso me dio cierta pena marcharme el domingo por la mañana para volver a Madrid. Mientras preparaba la maleta seguía lloviendo ligeramente y quedaba esa sensación extraña de historia inacabada. Como abandonar una película antes de la última escena.

Y entonces, horas después, empezaron a llegar las imágenes.

El sol había salido por fin.

Coven pudo desplegar completamente todos los puestos y el market respiraba de otra manera. La gente recorría los espacios sin prisas, la luz transformaba completamente el ambiente y todo parecía vivir por fin en plenitud. Después de la resistencia del sábado, aquel domingo tenía algo casi simbólico. Como si el evento hubiese aguantado suficiente para terminar mostrando su mejor cara.

Yo ya estaba lejos de Barcelona cuando todo eso ocurría, viajando de vuelta a Madrid con la voz tocada del directo y el cansancio acumulado del fin de semana. Pero mientras veía vídeos y fotografías en el móvil sentí algo muy concreto: alegría.

Alegría de verdad.

Lo que queda después

Porque después de tantos meses donde la cultura parece sobrevivir siempre al límite, encontrar espacios así sigue siendo importante. Lugares donde las personas todavía se reúnen para compartir música, estética, conversaciones y emociones sin necesidad de convertirlo todo en ruido inmediato o contenido rápido.

Y quizá eso sea lo que realmente me llevé de Coven Market.

No solo el directo. Ni siquiera únicamente los reencuentros.

Sino la sensación de haber estado, aunque solo fuese durante un fin de semana lluvioso, exactamente donde quería estar.


Comentarios

  1. Que pena no haber estado, y más después de leer esto. Esa sensación de familia y recogimiento. Que guay.😍

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