Misterio (pero menos) en Barcelona
A veces esperas una historia con ansia y muchas ganas pero cuando llega, se sienta a tu lado, te habla al oido, pero no acaba de atraparte en ese susurro.
Eso me ocurrió con Misterio en el Barrio Gótico, la última novela de Sergio Vila-Sanjuán, donde las calles de Barcelona no se limitan a ser escenario: observan, recuerdan y, de vez en cuando, acusan.
He de reconocer que llegaba con muchísima expectación a pasear por el Barrio Gótico barcelones pero...
No ha sido como esperaba. Galardonado con el XXX Premio Fernando Lara 2025, Vila-Sanjuán vuelve a caminar por un territorio que conoce bien. La semilla de la historia nació en los paseos de su infancia por librerías antiguas y plazas escondidas, cuando acompañaba a su padre entre el olor a papel viejo y las fachadas que parecían guardar secretos. Ahora, esos recuerdos se mezclan con una trama que combina la intriga policial con la exploración de una ciudad cambiante y que a mi me ha dejado, sinceramente, un poco frio.
Está claro que ese conocimiento exhaustivo del barrio, hace que te sientas muy integrado en el gran protagonista del libro, el Barrio Gótico, pero quizá la cantidad de anécdotas, historias y personajes, desdibuja, siempre desde mi humilde opinión, la trama de la investigación.
Víctor Balmoral: periodista, testigo y protagonista
El protagonista, Víctor Balmoral, es un periodista a punto de retirarse que recibe cartas anónimas. El contenido lo arrastra a una investigación en la que se cruzan reliquias robadas, crímenes olvidados y el eco de un asesinato antiguo. No hay prisa: la narración avanza con la paciencia de quien sabe que, en el Barrio Gótico, cada respuesta trae consigo una nueva pregunta.
El barrio como una máscara
En estas páginas, el Gótico es mucho más que piedra y sombra. Vila-Sanjuán subraya que buena parte de su imagen medieval es una construcción del siglo XIX: el Pont del Bisbe, la fachada gótica de la catedral… todo parte de una operación estética que reinventó la ciudad para hacerla más romántica. Esa mezcla de autenticidad y artificio le da al libro un tono de espejos enfrentados: lo que parece antiguo puede ser nuevo, y lo que parece claro oculta otra historia.
Intriga de largo aliento
La novela respira influencias de Ruiz Zafón, Umberto Eco o Pérez-Reverte, pero sin perder su propia voz. No es solo un misterio por resolver, sino un viaje que obliga al protagonista —y al lector— a reconsiderar lo que sabe de Barcelona. Y, como en toda buena intriga, la ciudad y sus habitantes nunca revelan todo.
Lo que queda al cerrar el libro
Al terminarlo, no es solo la trama lo que permanece. Queda la sensación de haber conocido a una Barcelona distinta, más compleja, más humana. Y esa impresión, como las huellas que deja la lluvia en la piedra, no se borra con facilidad.
Aunque a mi también me ha quedado la sensación de que no he disfrutado de una novela de misterio, como decía su título si no, una crítica al turismo gentrificado y a la Barcelona turística que hace que se pierda la esencia de toda ciudad.

Visité el barrio gótico las navidades pasadas con mi familia y aproveche que entraron en una tienda para perderme acabando en la plaza de Sant Felip Neri. Es un ricón precioso con su iglesia barroca donde estaban tocando el órgano y habia una escultura del nacimiento en la penumbra super mágica, como un cuadro de escuela la flamenca. No me extraña que inspire una novela.
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