Samhain: la noche que no termina, sino que renace



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El aire de finales de octubre tiene un eco distinto, una vibración que no se escucha pero se siente. Es el momento en que la tierra respira hacia dentro y el alma hace lo mismo. Samhain no llega con estruendo, sino con un susurro: el recordatorio de que la oscuridad también es hogar.

El calendario moderno lo disfraza de Halloween, pero el alma reconoce otra cosa. Samhain —pronunciado “sow-en”— significa literalmente “fin del verano”. En la tradición celta marcaba el cierre de la cosecha y el comienzo de la mitad oscura del año. Era, y sigue siendo, una noche liminal: el umbral donde los vivos y los muertos caminan al mismo tiempo.

La noche en que el velo se adelgaza

Dicen los antiguos que esta es la noche en que el velo entre mundos se vuelve delgado. No es una metáfora poética: es una sensación. El silencio se hace más denso, los relojes parecen detenerse y los nombres olvidados vuelven a pronunciarse.

En los pueblos gaélicos se encendían grandes hogueras con propósito protector y purificador. Quien saltaba sobre ellas no lo hacía por valentía, sino por renovación. Era la forma de cerrar un ciclo, de dejar que lo viejo ardiera sin miedo. Hoy lo hacemos de otro modo: con una vela, una canción o un recuerdo.


Samhain y la contracultura rock

Si Mabon era introspección, Samhain es entrega. No es casual que muchas de las canciones más profundas del rock nazcan de este mismo impulso: aceptar el final para poder transformarse. Piensa en The End de The Doors, en Lullaby de The Cure o en Bury Me Deep de Nick Cave. Todas respiran la esencia de Samhain: amor y miedo entrelazados, la sombra que no destruye sino que revela.

Y quizá por eso, cada otoño, vuelvo a esa misma sensación: cuando suena Seasons in the Abyss o Into the Fire de Deep Purple, sé que algo se mueve bajo la superficie. Como si la música encendiera un fuego que no se ve, pero calienta igual.


Rituales wiccanos adaptados

Celebrar Samhain no requiere un bosque ni una túnica. Basta un poco de intención y un espacio donde el silencio te escuche. Aquí tienes tres formas sencillas y simbólicas de honrar la energía de esta fecha:

1) Altar de los ancestros

Coloca una vela blanca o negra en un rincón. A su lado, pon fotografías u objetos de personas queridas que ya no están. Añade algo que les gustara —una flor, un trozo de pan, un anillo— y deja un vaso con agua. En la tradición wiccana se dice: “prepara un lugar en tu mesa para tus amigos y familiares espirituales”. Pronuncia sus nombres en voz baja y agradéceles haber formado parte de tu camino.

2) El fuego que libera

Escribe en un papel lo que deseas soltar antes del invierno: culpas, viejas versiones de ti, miedos. Quémalo con cuidado en una vela o cuenco, diciendo: “Este ciclo se cierra. Que lo que fue encuentre descanso, y lo que nace encuentre fuerza.” El fuego no destruye, transforma.

3) Conversar con tu sombra

Antes de dormir, escribe tres preguntas: ¿Qué parte de mí se oculta cuando todo brilla? ¿Qué voz he silenciado por miedo? ¿Qué deseo me sigue llamando en la oscuridad? Deja la hoja bajo la almohada. No busques respuesta inmediata. Samhain trabaja en lo invisible.

Un nuevo año desde la oscuridad

Para los antiguos, Samhain marcaba el comienzo del nuevo año. No empezaba con fuegos artificiales, sino con silencio. Quizá porque el verdadero renacimiento no hace ruido. Cuando salgas a la calle esa noche y el aire huela a madera húmeda, observa el cielo: cada estrella es una historia que sobrevivió a la oscuridad. Y tú también.

Reflexión final

Samhain no es el final del camino, es la pausa antes del siguiente paso. Es el instante en que el alma entiende que incluso la oscuridad tiene su propósito. Que hay belleza en cerrar, en rendirse, en no saber. A veces, lo más valiente no es seguir encendiendo luces, sino aprender a ver en la penumbra. Y cuando la vela se apague, no será silencio: será renacimiento.



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